Por Fiorella Garnero
Comentario sobre el control: Huella que se impone en el acto de fundación
En 1964 para el Psicoanálisis se produce un acontecimiento: Lacan funda su relación con la causa psicoanalítica. Con ello, a base de un acto y una promesa, edifica la Escuela francesa de Psicoanálisis. Su promesa, está hecha de un claro propósito: “restaurar la verdad freudiana” mediante un trabajo decidido que imprima en la praxis su originalidad.
Ahora bien, en este valeroso trabajo, el control adquiere un lugar muy particular en la Escuela, una apuesta que toma forma en “El acto de fundación”
-punto 4, titulado: “Del psicoanálisis didáctico en la participación en la Escuela”. Cito: “Está comprobado que el psicoanálisis tiene efectos sobre toda práctica del sujeto que en él se compromete (…). ¿Cómo no ver que el control se impone en el momento mismo de esos efectos y ante todo para proteger de ellos a aquel que ocupa allí la posición del paciente? (…). Por eso garantizará los controles que convienen a la situación de cada uno” (2001p. 253).
Extracción y desprendimientos
Desglosemos esta cita y la analicemos a la luz política, ética y clínica que nos propone el psicoanálisis y su práctica.
1. Desde una Vertiente Política, podemos localizar el fragmento: “Está comprobado que el psicoanálisis tiene efectos sobre toda práctica del sujeto que en él se compromete”.
Para Lacan, comprometerse con el Psicoanálisis incluye asumir lazos y lugares con el trabajo en la Escuela. En este sentido, el progreso de la Escuela es inseparable de un movimiento, que bajo un control interno y externo, asegure su orientación: la de restituir la seriedad con la que fue creado. En esta vertiente, entonces, subyacen dos interrogantes: ¿qué es el psicoanálisis? ¿Qué es un psicoanalista? El control entonces parte de un agujero, de “un no saber” y de un “no hay” que abren al mismo tiempo, la posibilidad de ser bordeado a partir de lo que Freud llamó sus tres pilares: “el análisis personal, la formación y el control”. Entonces, se revela en el núcleo de la práctica, un real en el que el control se ofrece como instrumento que calibra el deseo del analista, cada vez y en cada caso en torno al psicoanálisis y a su práctica.
2. Desde una perspectiva Ética: “¿Cómo no ver que el control se impone en el momento mismo de esos efectos y ante todo para proteger de ellos a aquel que ocupa allí la posición del paciente?”
Este real con el que se encuentra el analista practicante en su relación singular con el psicoanálisis, impacta y produce efectos en la posición que asume, no solo respecto de su deseo, sino también, ante el trabajo con cada paciente. Bajo transferencia, se pone en juego “un embrollo de goce ligado a una posición”. Allí es preciso ubicar la responsabilidad del analista practicante, en la medida en que la salida de ese embrollo, exige un consentimiento que llama a una interpretación. Dar consentimiento al control, implica asumir ese “no hay” ante los imprevistos de la clínica y lo real de la experiencia, en la medida en que allí se testimonia sobre la falta en-ser- que anida en cada uno. En este punto, en el control se da lugar a un juego entre saber, verdad y frustración que desemboca en una escucha inédita.
3. Desde un miramiento Clínico: “Por eso garantizará los controles que convienen a la situación de cada uno”
La Escuela está destinada a garantizar en este trabajo, que la formación de cada analista le atañe. Se trata de una formación basada en el control de la práctica, pero sostenida en una elección, en un deseo que promueve la experiencia. De tal modo, el control asume dos fines muy claros: uno, está ligado a la prosecución de un saber clínico que pone en relieve tanto lo particular como lo singular de un caso. Lo particular de un caso se anuda a: una duda diagnóstica, a la construcción de la lógica del caso, a la pregunta por localizaciones específicas ligadas al síntoma, las defensas, etc. Mientras que lo singular de un caso, se amarra al develamiento del modo de goce: marcas, escena traumática, lo que se repite e insiste en volver al mismo lugar, la posición fantasmática, las ficciones, etc. con las que el inconsciente impacta la vida de un sujeto.
El otro fin del control, se vincula al control del acto. En éste último, el acento está puesto sobre el acto del analista, es decir, intervenciones, posición que exterioriza su práctica en cada caso. En esta vertiente, el enigma no recae sobre el caso en sí, sino que abre los interrogantes sobre el modo en el que el analista practicante lleva adelante sus actos: su acto ¿es comandado por…?
¿Un lugar? ¿Su fantasma? ¿Un ideal? ¿Qué hace que apele al silencio? ¿Había una oportunidad de acto? ¿Está vaciado o colmado de imaginario? ¿Qué usos hace del semblante?
Entonces, la Escuela es garantía de control que conviene a la situación de cada uno, en tanto asume la orientación de identificar la relación singular al psicoanálisis de cada analista practicante, y al mismo tiempo, provocar un lugar de invención, de desprendimiento de significaciones, un vaciamiento que promueve el convertirse en sí mismo, sin protocolos o identificaciones sostenidas en los modos de hacer de otros.
REFERENCIAS
- Lacan, J. (2012). “Acto de fundación”, en Otros Escritos. Bs As: Paidós.
- Revista lacaniana de psicoanálisis. “La verdad desnuda”. Nº 35, Año XX, agosto 2024.

