Por Ricardo Seldes

Dictado en Salta, el 15 de marzo de 2025, en el marco de la actividad: Coloquio Seminario: “la Histerización del discurso”. Realizado en Fundación Copaipa.

La sorpresa es un término que fue introducido en el psicoanálisis por Freud al tomar en cuenta las formaciones del inconsciente, siempre en ellas aparece algo sorprendente, tanto en el interior de esas formaciones fugaces (sueños, lapsus, acto fallido), que tocan nuestro cuerpo, que nos afecta, que nos permite subjetivar lo que se produce un poco extraño en lo que uno intentaba decir, como también en quien lo escucha.

Para que haya sorpresa, el sujeto tiene que sentirlo como algo ajeno, al contenido inmediato del dicho. Surge un sin-sentido en medio de algo que tenía un sentido, una direccionalidad. Sentido como eso que “quiero decir”, lo que aparece ajeno, extraño.

Lacan lo trabaja En el Seminario 5 (2013), en el chiste, porque el sin sentido surge con respecto a la significación “… no entiendo, estoy desorientado…”, lo que ubica el extrañamiento del sujeto cuyo saber resulta escaso para responder a la situación. Aquello que puede provocar también una demanda de análisis.

La sorpresa es también un elemento fundamental de la intervención analítica, donde el mismo analista puede llegar a ser sorprendido por su acto, siempre imprevisible. ¿Por qué es sorpresa? Porque desvía al sujeto de su trayectoria, de sus dichos y lo confronta con el decir, con lo no-dicho, le hace percibir algunos ángulos que le eran invisibles hasta el momento. Tenemos que captar que se trata de sorprender lo real, en el análisis de quien fue sorprendido por su falta en saber. De esa hiancia se aprovecha el analista para interpretar.

Lacan se interrogó permanentemente acerca de cómo operar sobre lo real y al hacerlo puso el acento en el síntoma, en el goce sustitutivo que se obtiene de él sin restarle importancia al sentido de los síntomas y a las verdades que se obtienen a partir de su desciframiento. En el Seminario 17 (2012) con la invención de los cuatro discursos propone desembarazarse de la historieta del Edipo y transformarlo en términos lógicos. Pone el acento en las dos caras del síntoma: la cara del sentido, del mensaje y del goce sustitutivo.

¿Por qué ponemos el acento en la histerización del discurso?

Los cuatro discursos proponen el orden sucesivo de los mismos elementos, una secuencia algebraica que se sostiene porque ese orden establecido lógicamente por Lacan, constituye una cadena que se va moviendo como las agujas de un reloj o en sentido contrario.

Una referencia de Lacan en Vincennes (2012, p. 213) que nos dice que el Discurso Histérico tiene la máxima importancia porque es con el que se dibuja el discurso del analizante y aclara en forma muy pertinente que es preciso que haya analistas para asegurarlo o provocarlo. Que primero haya analista orientado hacia allí. En dicho texto, Lacan hará hincapié en el saber analítico, que no resulta sólo como un saber acumulado académicamente, sino que será el que atañe a lo que llama el ser del psicoanalista y eso quedará en relación con el acto analítico. Asimismo, también en su texto “Del Sujeto por fin cuestionado”, de Escritos 1(Lacan, 2012), ubica que es preciso que haya analistas para responder a la urgencia, para que la misma pueda subjetivarse. Una tentativa de instalar, aquello que nombró como un oxímoron, el “manipular decentemente” una noción que Lacan propone para alentarnos a operar y confiar en ella. Esto es lo que se llama el psicoanalizantes, dirá.

Me interesa señalar este punto porque verificamos que tenemos que provocar confianza a la sociedad en donde ejercemos nuestra práctica, es así como Lacan saca al psicoanálisis de las supuestas oscuridades de las que nos acusan para hacerlo más transparente, especialmente en el uso indecente del “Sujeto Supuesto Saber” SSS.

Los discursos: importa el lugar en donde están ubicados.

En referencia al primero de los discursos que es la referencia del inconsciente es el discurso del amo y el que define los lugares y los efectos. Agente, Otro, Producto, Verdad, pero también los ha llamado deseo, Otro, pérdida o goce (o plus de goce), verdad o arriba a la izquierda, a la derecha abajo lo mismo. También dice agente (el que hace actuar), trabajo, producción verdad. Hay una flecha arriba y una doble barra abajo. Las letras son Sgte. Amo, Saber, Goce y Sujeto que de acuerdo al lugar que ocupan es la función que implican.

Cuando Miller crea los paradigmas del goce, ubica acá el goce discursivo. Lo fundamental de ese curso donde los formaliza: “La experiencia de lo real” (2014), es que se interroga sobre los distintos momentos en los que Lacan se preocupa y pone el centro de su práctica y enseñanza no solo en el lenguaje, sino especialmente en el goce que este produce, que devela y esconde al mismo tiempo. Yo diría “cherchez” (busquen) el goce en cada discurso y tendrán claridad sobre sus consecuencias.

Vamos directamente al Discurso Histérico para entender porque Lacan lo ubica como el discurso del analizante. No existe el discurso del analizante en tanto tal, así como existe el Discurso Analítico. El discurso histérico lo sustituye, hace las veces de él. En la pág. 98 del Seminario 17 (2012) dirá: “El discurso histérico tiene el mérito de mantener en la institución discursiva una pregunta, una pregunta que encontramos como una pregunta fundamental en los seres hablantes que lo que constituye la relación sexual” . A saber, cómo un sujeto puede sostenerla o no. Y ahora la clave: La respuesta por saber cómo puede sostenerla o no, es dándole la palabra al Otro como el lugar del saber reprimido, que pueda ponerse al trabajo de producir significantes.

El saber de lo sexual es algo extraño al sujeto, sería lo reprimido al decir de Freud, un saber que no se sabe, en tanto la aparición del goce siempre es traumático, sorprende.

El Discurso Histérico revela algo fundamental: la relación del Discurso del Amo con el goce: en el discurso histérico el s2, el saber, ocupa el lugar del goce, que Lacan en el Seminario 16 (2016) nombrará como goce del Otro.

Ya desde los primeros escritos, en el Seminario 3 (2013), ya Lacan hablaba de los jeroglíficos de la histeria, de la pregunta histérica, la que alude de un modo directo a la sexuación del ser hablante. Sabemos que la gran pregunta del psicoanálisis ya desde Freud, se refiere sobre lo femenino, lo que tomó más de una forma: ¿Qué es ser una mujer?

¿Qué quiere una mujer?. El enigma que abarca a todo el mundo: ¿Cómo se puede ser nene o ser nena?” ¿Qué implica tener el sexo que tengo? ¿Qué quiere decir tener sexo?.

Si tomamos la fórmula de que Lacan menciona que es el significante, dirá que el significante representa al sujeto para otro significante y que eso implica una vehiculización del goce. Es un sujeto referido al goce y tiene que ver con el lenguaje, con la lengua que a cada uno le impacta. El saber es medio de goce, que más adelante en su enseñanza lo ubicará luego como la Otra satisfacción (Lacan, 2015), cuando hablamos gozamos.

Hablar de goce es ubicar en su origen mismo la entrada en juego del significante, y si nos orientamos en el Seminario del reverso del psicoanálisis (Lacan, 2015, p.52) por lo que él llama la Gloria de la marca, refiriéndose a pegan a un niño (Freud, 1997), tendremos que el Otro hace su entrada en la vida de alguien sólo a partir del goce. De ese momento ejemplar, mítico, en donde el significante insensato golpea el organismo y de la inmixión del S1, el significante Amo en el S2 en el saber y así surge el sujeto al tiempo que surge el goce, que a la vez que es una pérdida, el objeto perdido de Freud, el menos phi si quieren a la vez es el plus de gozar, pérdida que llama a una recuperación. Una falta $ que llama a una compensación de goce, el objeto a. Eso se nota en la clínica.

El goce del Otro es una articulación lógica ya que el Otro no existe, sino que es la intervención del significante que lo hace surgir como campo. El S1 que hace surgir al resto de los significantes apartado de la cadena y que permite armarse lo que llamamos el gran Otro. Y esto es lo que nos permite afirmar con Lacan que el sistema en sí mismo no tiene necesidad del sentido, del mundo del sentido, sino que nosotros con nuestra debilidad mental lo buscamos por todas partes. La relación primaria del saber con el goce, queda vinculada al momento del surgimiento del significante.

Y acá está la parte que nos interesa porque hablamos de la juntura de un goce opaco, privilegiado, que es ese goce sexual, misterioso. Lacan plantea que es S1 que se repite ante S2. El S2 es el saber reprimido. Y no se trata de ninguna manera en la práctica de revelar el sentido sexual de los síntomas sino captar que los síntomas existen, porque algo de la sexualidad humana anda mal, hay malos entendidos permanentes.

La conclusión lógica que Lacan extrae de todo esto es que no hay deseo de saber en tanto tal, sino que en el análisis lo que conduce al saber es el Discurso de la Histérica.

Evidentemente para histerizar el Discurso en la práctica, el analista debe saber qué lugar ocupar para desencadenar el SSS, que no es algo que se produce automáticamente sino que, desencadena la carga libidinal que implica la transferencia, aquello que Lacan ubicó en el Seminario 11 (1998) como la puesta en forma de la realidad sexual del inconsciente.

¿Qué quiere decir esto? Que en tanto la relación sexual no existe como tal para los seres parlantes eso no impide que los significantes copulen entre sí de un modo autístico. De ahí la pregunta que Lacan se hace es cómo producir ese franqueamiento desde el solipsismo hacia el nuevo lazo que implica el discurso analítico. Lacan propone la salida por la Histerización del Discurso.

Tenemos entonces que se trata de hacer hablar con una direccionalidad hacia ese saber que se va a producir en el interior del análisis, en donde surgen por ese mismo decir,

fenómenos de goce, que como tal son sinsentido. Solo nuestra debilidad mental hace que nos alienemos al Otro para entender algo de que se tratan esos fenómenos de cuerpo que son los síntomas, cuando no se dirigen a nadie, ni quieren decir nada.

El goce es lo propio del cuerpo como tal, un fenómeno de cuerpo, se goza, goza de sí mismo, lo que decimos autoerotismo. Lo cual podría ser verdadero para todo cuerpo que vive. ¿Cómo producir otro saber? Es lo que va a proporcionar el discurso del analista

Los sujetos que consultan sufren de la incidencia del lenguaje y la palabra.

Miller ha planteado en su texto “Leer un síntoma”, (2011), y en “Sutilezas Analíticas” (2011), que ha habido un acontecimiento que marcó un goce, en un goce que no haría falta, un goce que trastorna el goce que haría falta, es decir el goce de su naturaleza de cuerpo. Por lo tanto, en ese sentido, el goce en cuestión en el síntoma no es primario. Está producido por el significante. Y es precisamente esta incidencia significante lo que hace del goce del síntoma un acontecimiento, no solo un fenómeno. El goce del síntoma testimonia que hubo un acontecimiento, en general imborrable, un acontecimiento de cuerpo después del cual el goce natural entre comillas, que podemos imaginar como el goce natural del cuerpo vivo, se trastornó y se desvió.

Este goce es primero en relación con el sentido que el sujeto le da, y que le da por su síntoma, en tanto que interpretable.

Pero al desplazar la interpretación del marco edípico hacia al marco borromeo, el funcionamiento mismo de la interpretación cambia y pasa de la escucha del sentido a la lectura del fuera de sentido.

En el texto “Radiofonía”, (Lacan, 2016) dirá en la página 460 que la histérica es un sujeto decidido, es el inconsciente en ejercicio que pone al Amo a la apuesta de producir un saber. Se refiere a que la ciencia toma su impulso del Discurso Histérico.

En Bruselas también, pero 7 años más tarde, en 1977; Lacan (2013) dirá que el inconsciente se origina en el hecho de que la histérica no sabe lo que dice cuando, de hecho, algo dice con las palabras que le faltan. El inconsciente es un sedimento de lenguaje, es un producto, lo que queda, y en el extremo opuesto de nuestra práctica, está lo real. Se trata de una idea límite, la idea de lo que no tiene sentido. En nuestra práctica operamos con el sentido, es decir con la interpretación. En tanto objeto de la ciencia -y no del conocimiento que es más que criticable-, lo real es ese punto de fuga. Lo real es el objeto de la ciencia.

Al hablar de la estesia (conocimiento) que quiso anudarse el conocimiento físico, señala que no hay estesia del sexo opuesto, ningún conocimiento en el sentido bíblico que dé cuenta de la pretendida relación sexual. Y lo explica: el goce con el que se sostiene

articulado con el + de goce, por lo que la relación al partenaire solo se alcanza como objeto a para el hombre y como falo para la mujer, pero como órgano de la tumescencia, o sea lo contrario de su función real. De ahí las dos rocas de la castración freudiana, donde el significante mujer se inscribe como privación y segundo la envidia del pene que se experimenta como frustración. Es lo que del Discurso Histérico cuestiona al amo: demuéstrame que eres un hombre. Pero en realidad su interés no es hacer su duelo por la esencia del macho sino en producir el saber con el que se determina la causa, que plantea un desafío en su ser.

Para Freud el síntoma es el sustituto de una exigencia pulsional, desempeña su papel y renueva sin cesar la exigencia de satisfacción. El síntoma es un modo de gozar, y aunque dolorosa, es su satisfacción silenciosa. El yo adopta los síntomas y se extiende hasta incluirlos, no quiere separarse de ellos. Para que el sujeto quiera despegarse del síntoma es preciso un tiempo de análisis, tiempo de trabajo que le permita producir un saber para que deje de resultarle tan satisfactorio. No se abandona una satisfacción sin sustituirla por otra, en lo posible, menos dolorosa. Se producirá una urgencia subjetiva cuando algo escapa a este funcionamiento permanente del síntoma, cuando comienzan las quejas, se ponen en marcha demandas y si son dirigidas a un analista éste podrá aceptar “hacer allí figura de alguien” para soportar durante bastante tiempo la dimensión de la espera y del acto.

Lacan señala en Radiofonía (2016), que hace falta tiempo, que el nuevo saber del que se trata concierne a la lógica, y permite la borradura del analista en tanto sujeto. Ese saber sitúa en el goce un efecto de textura para producir esas interpretaciones falsas que caen justo, agreguemos, sin ser exactas, porque es preciso que funcionen de lado para poder operar. Lacan concluirá que el síntoma también es un falsus, que se transforma en la causa de la que se vale el psicoanálisis. No se trata de aplicar ningún ocultismo sino el de tomarse el tiempo para saber leerlo, en cada caso, y producir ese nuevo y misterioso saber que se acumula en cada tratamiento.

¿Qué implica la inercia de repetición cuando ya está dirigida al analista? Surge en el sujeto el interrogante acerca de qué quieren decir los sinsentidos que pueblan su vida, aunque para ello sea preciso en primer lugar que acepte que hay algo en esa chifladura que revela la existencia del inconsciente. Es un tiempo en los tratamientos, a veces muy largo, que debe sostenerse con paciencia por medio de los desciframientos posibles. Y si existe la pregunta acerca de la significación de sus malestares es porque se supone que en algún lugar alguien tendrá la respuesta. Hay efectos de sujeto que aparecen, pero también

desaparecen, son iluminaciones efímeras que dejan alguna marca de verdad, una huella, que en contadas ocasiones en el transcurso de un análisis pueden ser memorables. Estas huellas se acumulan en forma de saber, dice J-A. Miller (2004, p.113). Esta forma de saber implica la fórmula de la transferencia que introduce la función del tiempo que la repetición intenta anular, ya que en ella se trata siempre de volver a la primera vez, es la aburrida eternización del pasado. Mientras que en la perspectiva del sujeto supuesto saber, en cambio, lo primero que captamos es el futuro. Un inconsciente sostenido por un deseo y en procura del momento de concluir.

La transferencia es la intromisión del tiempo de saber y eso es posible porque solicita la inclusión de la erótica que sostiene el análisis. Se le supone un deseo al analista, se le dicen cosas a ese analista, también con la intención de hacerlo gozar. Tenemos así la vertiente del tiempo lógico que intenta demostrar lo real en juego, algo que puede surgir en la conclusión. En la continuidad de un análisis nos encontramos con las variadas contingencias que inciden en la lectura de lo inconsciente, las mismas que indexan lo real y permiten captar el goce en juego. Así se producen esas situaciones analíticas que, tal como mencionáramos al inicio, dejan huellas en el analizante y le permiten acumular un saber para que sustituya con placer, o al menos parcialmente, la satisfacción propia del síntoma que le hace sufrir. Quizás revela algo del fantasma en juego, entrega alguna de sus piezas, simbólicas y/o imaginarias, y lima algo del goce que, además, deja de engordar.

En el análisis que dura, el que sigue al primer tiempo de las revelaciones, su rasgo ya es más claramente el de la repetición y el estancamiento. Según Miller (2004), lo que tanto analizante como analista suelen esperar, es algo del orden de la cesión de libido de algunos elementos trazables que se extrajeron en el tiempo anterior, lo que incide en la evidencia de que cuando el goce se adelgaza o se retira, lo hace en un punto de condensación que llamamos el objeto a. En este tiempo se juega la oposición del inconsciente como saber o como goce. Se pasa del “eso quiere decir” del discurso histerizado a los puntos en donde “eso se satisface allí.” No tan histérico.

Preguntas del público (Recorte)

Estudiante: ¿Porque se habla del discurso histérico y no del discurso obsesivo?

Rsta. a los jóvenes: La obsesión es un producto de la histeria, si hay un discurso primario es el de la histérica sobre el que se monta el obsesivo. El obsesivo habla consigo mismo, no le importa nada del otro. En el Seminario de la Angustia (cita) la histeria cuestiona, interpela al otro, hace lazo. Para Freud el síntoma, es el síntoma del Otro, ya hay un lazo

ahí. El síntoma del obsesivo es egosintónico, hay que hacer un trabajo para que deje de ser integrado al yo.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Freud, S. (1997). “Pegan a un niño. Contribución al conocimiento de la génesis de las perversiones sexuales (1919)”. En Obras completas, Tomo XVII. Buenos Aires: Amorrortu editores.
  • Lacan, J. (1998) El Seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.
    (2009). “Del sujeto por fin cuestionado”. Escritos 1. Bs.As.: Siglo XXI.
    —— (2012) El Seminario de Jacques Lacan: libro 17: el reverso del psicoanálisis 1969-1970. Buenos Aires: Paidós.
    —– (2013) El seminario de Jacques Lacan: libro 5: las formaciones del inconsciente. Buenos Aires: Paidós.
    —— (2013) El Seminario 3: Las Psicosis. Buenos Aires: Paidós.
    —— (2013) Consideraciones sobre la histeria. Bruselas, 26 de febrero 1977. Texto extraído el 24/08/25 de: https://elp.org.es/consideraciones-sobre-la-histeria-jacques/
    —— (2015) El seminario 20: aún. Buenos Aires: Paidós.
    —— (2016) El Seminario 16: De un otro al otro. Buenos Aires: Paidós
    —— (2016) Radiofonía. Otros escritos. Buenos Aires: Paidós.
  • Miller, J.-A. (2011) Leer un síntoma. Publicado en Efectos de Formación, en la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano, extraído el 20/08/25 de: https://elp.org.es/leer-un-sintoma-jacques-alain/
    – (2014) La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica. Bs. As.: Paidós
    —— (2004) Los usos del lapso. Curso 1999-2000. Bs.As.: Paidós