Acto analítico, leer y escribir

¿Qué se lee? ¿Qué se escribe? ¿Se lee lo que se escribe o se escribe lo que se lee? ¿Quién lee lo que se escribe o lo escrito? Estas son algunas de las preguntas que tomamos como orientación y de las que esperamos surja el deseo de trabajo en el próximo Coloquio-Seminario.

1. Al inicio

Al inicio de un análisis, el sujeto puede, acto analítico mediante, entrar en análisis. Esto implica, entre otras cosas, consentir a su falta en ser.

A partir de allí podrá hacer la experiencia de hablar desde aquello en lo cual no se reconoce y esperar, mediante la instalación de la transferencia, que el analista le brinde un saber allí donde no lo hay.

El analista, absteniéndose de responder a esa demanda de saber, podrá, mediante la interpretación o el acto, dar lugar, o no, al inicio de la experiencia analítica, consintiendo al lugar que el sujeto le ha otorgado en la transferencia. Podríamos situar allí el comienzo de un análisis y la apertura de un recorrido que supone también la posibilidad de un final. Pero ¿cómo llegar a él?

Si el análisis se sostiene únicamente en el desciframiento significante que procura develar el sentido del síntoma, el recorrido puede prolongarse indefinidamente y tender, así, a lo interminable.

2. Más allá

En la enseñanza de Lacan, el análisis no se detiene en el desciframiento de los síntomas. Orientado por el deseo del analista, el recorrido atraviesa la dialéctica del deseo y el desciframiento significante, pero apunta también a una reducción que permita cernir la materialidad de goce.

“Hay que pasar por la dialéctica del deseo, pero también hay que ir más allá de la verdad que ese desciframiento devela, para apuntar a la opacidad de lo real.”[1]

En este recorrido, el analista, que debe saber leer lo escrito, localiza mediante sus intervenciones aquello que insiste y comporta un modo singular de goce. Como señala Miller: “Bien decir y saber leer están del lado del analista, es propiedad del analista, pero en el curso de la experiencia se trata que bien decir y saber leer se transfieran al analizante.”[2]

3. Al final

Al final de un análisis, ya no se trata de continuar agregando sentido ni de proseguir indefinidamente el desciframiento, sino de cernir aquello que, más allá del sentido, insiste como un modo singular de goce. Si el saber leer que estaba inicialmente del lado del analista puede transferirse al analizante, se abre entonces la posibilidad de una lectura diferente de aquello que ha marcado su existencia.

Desde esta perspectiva, cabe preguntarse: ¿el acto analítico produce una nueva escritura o modifica la relación del sujeto con aquello que ya estaba escrito?


NOTAS

  1. Salman, S., Terrab, M. y otros, Leer y escribir en psicoanálisis. Puntuaciones millerianas, Grama Ediciones, 2022, p. 84.
  2. Miller, J.-A., Leer un síntoma.