El lugar y el lazo. Cap II y III.
Participan:
- Marta Pagano
- Carolina Rojo
- Candela Yarade
Coordina:
- Fiorella Garnero
¿Hablar siempre hace bien? Se pregunta Candela, proponiendo pensar el lugar del analista en relación a la palabra. Retoma la indicación propuesta por Miller sobre la interpretación y que la misma debe prescindir de la posición del analista como sujeto. A pesar del imaginario colectivo, se destaca que el analista no ratifica la realidad colectiva.
Carolina vincula los capítulos del curso “ El lugar y el lazo” con el Seminario XVIII, en donde se destaca que la sexualidad biológica y la relación sexual que no hay, no tienen nada que ver. Allí, donde el desencuentro estructural entre los sexos se hace presente, viene la invención del amor en el intento de sanar ese desencuentro. Retoma la posición del analista considerando: la verdad que aloja el psicoanálisis es una verdad libidinal, y al malentendido hay que hacerle lugar por medio de la transferencia.
Marta recupera la distinción entre el Ser y lo Real. El ser, está del lado de la ontología, preso de una significación que pasa por la palabra, el ser ubica el deseo: algo falta. El sujeto está dividido, y el ser es de ficción, de semblante. Lo real está más allá de la palabra, es un marco, no un puerto ni una dirección. Miller considera que hay que defender lo real, y Marta retoma el imaginario colectivo “siempre hay algo por decir”, ya que la actualidad no acepta lo real. Marta retoma la propuesta del de – ser que implica la pérdida de algo del ser.
Por su parte, aborda el lugar del analista frente a esto para decir que la ficción es hablar de cosas que no existen, y un análisis es eso también: hablar de cosas que no existen.
Se destaca el limitar la palabra para un reencuentro con lo real, y la respuesta que resuena es: decirlo todo, o hablar demás no siempre hace bien. Y ésta orientación a lo real, distingue al psicoanálisis de la psicoterapia, considerando que esta última sólo toma la palabra y se limita al fenómeno, mientras que el psicoanálisis toma la palabra pero también lo real, ya que interpreta, entendiendo que lo que importa es la economía libidinal que implica el uso de la palabra.
Carolina Bianchi



